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MINISTERIO DE ORACION, INTERCESION Y LITURGIA ZONA 02

El Rosario en Familia

El Rosario en Familia

SANTO ROSARIO EN FAMILIA

 En el Rosario. Nuestra Señora nos enseña a contemplar la vida de su Hijo.

El amor a la Virgen se manifiesta en nuestra vida de formas muy diversas. En el Santo Rosario, la oración mariana más recomendada durante siglos por la Iglesia, la piedad nos muestra un resumen de las principales verdades de la fe cristiana; a través de la consideración de cada uno de los misterios. Nuestra Señora nos enseña a contemplar la vida de su Hijo. Ella íntimamente unida a Jesús, ocupa en ocasiones el primer lugar; otras, es Cristo mismo quien atrae en primer termino nuestra atención. María nos habla siempre del Señor: De la alegría de su Nacimiento, de su muerte en la Cruz, de su Resurrección y Ascensión gloriosa.

El Rosario es la oración preferida de Nuestra Madre y con la consideración de los misterios, la repetición del Padre Nuestro y del Avemaría, las alabanzas a la Beatísima Trinidad  y la constante invocación a la Madre de Dios, es un continuo acto de fe, de esperanza y amor, de adoración y reparación.

Según su etimología, el Rosario es una corona de rosas, costumbre encantadora que en todos los pueblos representa una ofrenda de amor y un símbolo de alegría. Es el modo más excelente de oración meditada, constituida a manera de mística corona en donde la  salutación angélica, la oración dominical y la  doxología (Formula de alabanza a la divinidad, especialmente a la Santísima Trinidad) a la Augusta Trinidad se entrelazan con la consideración de los más altos misterios de nuestra fe: En él, por medio de muchas escenas, la mente contempla el drama de la Encarnación y de la redención de Nuestro Señor.

En esta plegaria mariana se funden la oración vocal y la meditación de los misterios cristianos, que es como el alma del Rosario. Esta meditación pausada hace posible que, con las mismas palabras, cada uno exprese su oración personal. Ayuda a rezarlo bien el meterse, como un personaje mas dentro de las escenas que se consideran. Así, viviremos la vía de Jesús, María y José.

Cada ida les presentaremos un nuevo servicio. Oiremos sus pláticas de familia. Veremos crecer al Mesías. Admiraremos sus treinta años de oscuridad. Asistiremos a su Pasión y Muerte. Nos pasmaremos ante la gloria de su Resurrección. En una palabra: Contemplaremos, locos de Amor (No hay mas amor que el Amor), todos y cada uno de los instantes de Cristo Jesús.

Con la consideración de los misterios, la oración vocal, el Padrenuestro y las Avemarías que vivificada; la vida interior se enriquece con un hondo  contenido, que es fuente de oración y de contemplación a lo largo del día. Poco a poco nos identifica con los sentimientos de Cristo y nos permite vivir en un clima de intensa piedad: Gozamos con Cristo gozoso, nos dolemos con Cristo paciente, vivimos anticipadamente  en la esperanza, la gloria de Jesucristo resucitado. Aunque que sea en planos de realidad esencialmente diversos decía Pablo VI (La Liturgia y El Rosario) tienen por objeto los mismos acontecimientos salvificos llevado a cabo por Cristo. La primera hace presentes los misterios más grandes de nuestra redención; la segunda, con el piadoso afecto de la contemplación, vuelve a evocar los mismos misterios en la mente de quien ora y estimula su voluntad a sacar de ellos normas de vida

El Rosario en Familia. Es arma poderosa.

El Concilio Vaticano II pide a todos los hijos de la Iglesia que fomenten con generosidad el culto a la Santísima Virgen; que estimen en mucho las prácticas y los ejercicios de piedad hacia Ella recomendados por el Magisterio en el curso de los siglos. Y bien sabemos con que insistencia ha recomendado la Iglesia el rezo del Santo Rosario.

Concretamente, es una de las más excelentes y eficaces oraciones comunes que la familia cristiana esta invitada a rezar  y en muchos casos será un objetivo de vida cristiana para muchas familias. En ocasiones bastara comenzar con el rezo de un misterio solamente, aprovechando quizá ocasiones tan singulares como es el mes de mayo, la vista a un santuario o ermita de la Virgen. Mucho se tiene ganado si se empieza a enseñarlo a los hijos desde que son pequeños.

El Rosario en familia es una fuente de bienes para todos, pues atrae la misericordia del Señor sobre el hogar. Tanto el rezo del Angelus como el del Rosario, decía Juan Pablo II, deben ser para todo cristiano y aun más paras las familias cristianas como un oasis  espiritual en el curso de la jornada, para tomar valor y confianza.

Y pocos días mas tarde volvía a insistir el Santo Padre: Conservad celosamente ese tiempo y confiado amor a la Virgen, que os caracteriza. No lo dejéis nunca enfriar. Sed fieles a los ejercicios de piedad mariana tradicionales en la iglesia: La oración del Angelus, el mes de María y de modo muy especial, el Rosario. Ojala resurgiere la hermosa costumbre de rezar el Rosario en familia.

Hoy podemos examinar en nuestra oración si acudimos al Santo Rosario como arma poderosa para conseguir de la Virgen aquellas gracias y favores que tanto necesitamos, si lo rezamos con la necesaria atención, si procuramos ahondar en su riquísimo contenido, particularmente deteniéndonos y meditando durante unos momentos cada uno de los misterios, si procuramos que nuestros familiares y amigos comiencen a rezarlo y así traten y amen mas a nuestra Madre del Cielo.

A veces, cuando los cristianos tratamos de difundir el rezo del Santo Rosario como una forma de tratar a la Virgen cada día, nos encontramos con personas, incluso de buena voluntad, que se excusan diciendo que se distraen con frecuencia en él y que “para rezarlo mal es mejor no rezarlo” o algo similar. Juan XXIII nos enseñaba que “el peor de los rosarios es el que no se reza”. Nosotros podemos decir a nuestros amigos que, en vez de dejarlo, es más grato a la Virgen procurar rezarlo mejor que podamos, aunque tengamos distracciones. También puede ocurrir que: “si tu tienes muchas distracciones durante la oración, puede ser que al diablo le moleste mucho esa oración” así escribió San Alfonso Maria de Ligorio.

Algunos han comparado El Rosario a una canción: La canción de la Virgen. Por eso, aunque alguna vez no tengamos del todo presente “la letra”, la melodía nos llevara, casi si darnos cuenta, a tener puesto el pensamiento y el corazón en Nuestra Señora.

Las distracciones involuntarias no anulan los frutos del Rosario, ni de otra oración vocal, con tal de que se luche por evitarlas. Santo Tomas señala que en la oración vocal puede ponerse una triple atención: la correcta pronunciación de todas las palabras de que consta y el poner especial empeño en el fin de la oración, es decir, en Dios y en aquello por lo que se ora. Esta última es la atención más importante y necesaria, y pueden tenerla incluso personas de pocas letras o que no entienden bien el sentido de las palabras que pronuncian, y “puede ser tan intensa que arrebate la mente a Dios”.

Si nos esforzamos, cada vez podemos rezar mejor El Santo Rosario: cuidando la pronunciación, las pausas, la atención, deteniéndonos unos instantes para considerar el misterio que iniciamos, ofreciendo quizá esa diez Avemarías por una intención concreta(la familia, la paz y la justicia, un asunto que nos preocupa, la Iglesia, el Papa, la comunidad, etc.), tratando de que esas “rosas” ofrecidas a la Virgen no estén ajadas o marchitas por la rutina, o por dejar paso a distracciones mas o menos voluntarias. Evitar todas las distracciones será muy difícil: En ocasiones, prácticamente imposible, pero la Virgen también lo sabe y acepta nuestro deseo y nuestro esfuerzo.  

Para rezarlo con devoción, convendrá reservarle una hora oportuna. “Un triste medio de no rezar El Rosario: dejarlo para ultima hora”

Al momento de acostarse se recita, por lo menos, de mala manera y sin meditar los misterios. Así, difícilmente se evita la rutina, que ahoga la verdadera piedad, la única piedad. “Siempre retrasas El Rosario para luego, y acabas por omitirlo a causa del sueño. Si no dispones de otros ratos, recítalo por la calle, cuando vas o vienes del trabajo y sin que nadie lo note. Además, te ayudara a tener presencia de Dios”

El Rosario tiene la ventaja de que puede rezarse en cualquier parte: en la iglesia, en la calle, en el coche, solo o en familia, mientras se espera en la sala de visitas del medico, o en la cola para retirar dinero del cajero automático. Pocos cristianos podrán decir con sinceridad que no encuentran tiempo para rezar “la oración más querida y recomendada por la Iglesia”.

Un día, el Señor nos mostrara las consecuencias de haber rezado, con devoción, aunque con algunas distracciones también, El Santo Rosario: desastres que se evitaron por especial intercesión de la Virgen, ayudas a personas queridas, conversiones, gracias ordinarias y extraordinarias para nosotros y para otros, y los muchos que se beneficiaron de esta oración y a quienes ni siquiera conocíamos.

Esta oración tan eficaz y grata a la Virgen será en muchos momentos de nuestra vida él cause más eficaz para pedir, para dar gracias. También para reparar por nuestros pecados.

 

 

 

Invocación al Espiritu Santo

Invocación al Espiritu Santo

ORACION DEL ESPIRITU SANTO

Oh Espiritu Santo,

Amor del Padre y del Hijo,

inspirame siempre

lo que debo pensar,

lo que debo decir,

como debo decirlo,

 lo que debo callar,

lo que debo escribir,

 lo que debo obrar,

para procurar tu gloria,

 el bien de las almas

y mi propia santificación

 

Espiritu Santo

dame agudeza para entender,

capacidad para retener

metodo y facultad

para aprnder,

sutileza para interpretar,

gracia y eficacia para hablar

Dame acierto al empezar

dirección al progresar

y perfección al acabar.

AMEN

Vida de Oración

Vida de Oración

EL SECRETO DE LA ORACIÓN

Mc 11, 24.

 

“Por eso les digo: Que todo lo que ustedes pidan en oración crean que ya lo han conseguido y lo recibirán”

 

Por eso les digo: todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo han recibido y lo obtendrán.

Aquí tenemos un resumen de la enseñanza de nuestro Señor Jesús sobre la oración.

Cuanto más nos dediquemos a pensar en la oración como Jesús pensó, sus palabras serán ciertamente como semillas vivas, que crecerán y producirán en nosotros su fruto: Una vida y una practica que se correspondan exactamente con la Verdad Divina que ellas contienen. Cristo, la Palabra de Dios vivo, da a sus palabras un Poder Divino vivificador que hacen que exista lo que ellas dicen. Ese Poder obra en nosotros y nos hace aptos, capacitándonos para todo lo que él nos pide. Consideremos esta enseñanza sobre la oración como una promesa definida de lo que El, por su Espíritu Santo que mora en nosotros, ha de hacer en sí mismo.

CARACTERÍSTICAS

Las características o elementos esenciales, de la verdadera oración son:

  • El deseo del corazón
  • El deseo expresado por medio de la oración
  • La Oración con FE llega a Dios
  • En FE aceptar la respuesta de Dios
  • La experiencia de la bendición deseada

Estas característica o elementos nos servirán de ayuda para aclarar nuestros pensamientos el hecho de que cada uno tome una petición definida para aprender a orar con fe en relación con ella. Mejor aun debemos unirnos en aquello que ha estado ocupando nuestra atención.

¿Por qué no tomamos como el objetivo de nuestro deseo y de nuestra intercesión la gracia de poder orar con poder?

Yo quiero pedir y recibir por la FE el PODER para orar como DIOS quiere y tanto como EL espera de mí. Meditemos en estas palabras de JESÚS con la confianza que él nos enseñara como orar para obtener esta bendición.

EL DESEO DEL CORAZON

Todo lo que ustedes pidan”. El deseo de pedir es el alma de la oración, y la causa de la oración insuficiente o que no tiene éxito se halla a menudo en la falta o en la debilidad del deseo. Algunos pueden dudar de esto; están seguros de que han deseado muy sinceramente lo que piden. Pero si ellos juzgan para ver si su deseo ha sido en verdad tan sincero como Dios quiere que sea, como el que demanda el valor divino de estas bendiciones, pueden llegar a comprender que en realidad la causa del fracaso fue la falta de deseo.

Lo que es cierto con respecto a Dios lo es con respecto a cada una de sus bendiciones, y tanto mas cierto cuanto más espiritual sea la bendición.

Jer 29, 13; 2 Cro 15, 15.

El cristiano puede tener con frecuencia muchos deseos de recibir bendiciones espirituales. Pero junto con estos deseos hay otros en su vida diaria que ocupan un gran puesto en sus intereses y afectos. Los deseos espirituales no son completamente absorbentes. Se quedara perplejo por el hecho de que su oración no es oída. Esto se debe sencillamente a que Dios quiere todo el corazón. “Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón”. La Ley es inmutable; Dios se ofrece, se entrega a sí mismo, a los que con corazón sincero se entregan a él. El también nos da según el deseo de nuestro corazón, no según lo que nosotros pensamos de nuestro deseo, sino según lo que él piensa de él. Si hay otros deseos que están mas arraigados en nosotros, que ocupan mas nuestro corazón que el Señor y su presencia, él permite que estos sean satisfechos, y entonces no puede conceder los deseos que expresamos en la hora de la oración.

Si deseamos el don de la Intercesión, la gracia y el poder para orar bien. Nuestros corazones queridos hermanos tienen que apartarse de los demás deseos: tenemos que entregarnos completamente este único deseo. Tenemos que estar totalmente dispuestos a vivir en Intercesión, a fijas nuestros ojos en la bienaventuranza y en la necesidad de esta gracia, a creer con certeza que Dios nos la dará, al entregarnos a ella por amor al mundo que perece, nuestro deseo puede ser fortalecido. Habremos dado, pues, el primer paso hacia la posesión de la bendición que deseamos. Busquemos hermanos la gracia de la oración, así como buscamos “con todo nuestro deseo” al Dios con quien ella nos vincula. Podemos depender de la promesa: “cumplirá el deseo de los que le temen”. No tengamos miedo de decirle a él: “Lo deseo con todo mi corazón”   

EL DESEO EXPRESADO POR MEDIO DE LA ORACIÓN

Todo lo que ustedes pidan (desean) en oración” El deseo del corazón tiene que llegar a ser la expresión de los labios. Nuestro Señor Jesús pregunto más de una vez a los que le pedían misericordia: “¿Que quieres?” El quería que ellos dijeran lo que deseaban. El hecho de declararlo estimulaba todo el ser a la acción, los ponía en contacto con él y hacia que despertara la expectación de ellos. Orar es entrar en la presencia de Dios, reclamar y asegurar su atención, tener un trato claro con él con respecto a cierta petición, encomendar nuestra necesidad a su fidelidad y dejarla allí. Al hacer eso, llegamos a estar plenamente conscientes de lo que estamos pidiendo.

Habemos algunos que con frecuencia tenemos muchos deseos en el corazón, pero no es difícil expresarlos ante Dios de una manera clara y definida por medio de la oración repetida. Hay otros que acuden a la Palabra de Dios y a sus promesas para fortalecer su Fe, pero no dan suficiente lugar a aquella precisa petición a Dios que ayuda al alma a ganar la seguridad de que el asunto ha sido puesto en las manos de El. Existen otros que acuden a la oración con tantísimas peticiones y deseos que a ellos mismos les es difícil decir lo que realmente esperan que Dios haga.

Hermanos si queremos que Dios nos dé este gran don de la fidelidad en la oración y el poder para orar correctamente, comiencen a orar en ese sentido. Declara para ti y para Dios: “Hay aquí algo que he pedido, y que continuo pidiendo hasta recibirlo”. En forma tan clara y precisa como las palabras puedan expresarlo, lo que estoy diciendo es lo siguiente: “Padre amado, yo deseo la gracia de la oración y de la intercesión, te la pido, la espero de Ti”.

LA ORACIÓN CON FE LLEGA A DIOS

Lo que ustedes pidan en oración, crean” Solo por Fe podemos conocer a Dios, o recibir a Jesucristo, o vivir la vida comunitaria.

Así también, la fe es la vida y el poder de la oración. Si hemos de comenzar una vida de intercesión en que haya gozo, poder y bendición, si por la gracia hemos de obtener respuesta a nuestra oración, tenemos que aprender de nuevo lo que es la fe, comenzar a vivir y a orar con fe como nunca antes.

Fe es lo opuesto a lo que se ve. Estas dos cosas son contrarias entre sí. “Por Fe andamos, no por la vista”. Si lo invisible ha de tomar plena posesión de nosotros, y el corazón, la vida y la oración han de estar llenos de fe, tiene que haber un retiro de lo visible, una negación de ello. El espíritu que busca disfrutar tanto como le sea posible de lo que es inocente o legítimo, que da el primer lugar a los llamados y deberes de la vida, es inconsecuente con una fe fuerte y una estrecha relación con el mundo espiritual. “No mirando nosotros las cosas que se ven – si sé mencionada la acción positiva, la negativa debe destacarse – sino las que no se ven”. Esto tiene que llegar a ser natural para nosotros. En la oración, la fe depende de que nosotros vivamos en el mundo invisible.

Esto se refiere especialmente a la Fe en Dios. La gran razón de nuestra falta de Fe es que carecemos del conocimiento de Dios y comunión con El. Cuando Jesús hablo de mover montañas dijo: “Tened Fe en Dios”. Cuando el alma conoce a Dios, cuando esta ocupada con su poder, su amor y su fidelidad, cuando se sale del mundo del egoísmo y permite que la luz de Dios la ilumine la incredulidad llega a ser imposible. Todos los misterios y las dificultades relacionadas con las respuestas a la oración por más pequeños que seamos para resolverlos intelectualmente, estarán incluidos en la seguridad de la adoración: “Este Dios es nuestro Dios. El nos bendecirá. El responde en verdad a la oración. Y el se deleitara en darme la gracia para orar, que es lo que le estoy pidiendo”

EN FE ACEPTAR LA RESPUESTA DE DIOS

Todo lo que ustedes pidan en oración crean que ya lo han conseguido”. La Fe tiene que aceptar la respuesta como si Dios lo hubiera dado en el cielo, antes de hallarla o sentirla en la tierra. Este punto causa dificultad pero es la esencia de la oración de Fe, su secreto real. Trata de entenderlo. Las cosas espirituales solo pueden entenderse o apropiarse espiritualmente. La bendición espiritual divina de la respuesta de Dios en nuestra oración, tenemos que reconocerla y aceptarla en su espíritu antes de sentir algo de ella. La Fe es la que hace esto.

La persona que no solo busca la respuesta, sino que primero busca a Dios que da la respuesta, recibe el poder para saber que ha obtenido lo que le ha pedido a Dios. Si sabe ha pedido de acuerdo a su voluntad y las promesas de Dios, y ha acudido a el y ha hallado que Dios se lo concede, cree que lo ha recibido. “Sabemos que él nos oye”.

No hay nada que sirva tanto para examinar la conciencia como esta fe: “Crean que ya lo han conseguido”. Cuando nos esforzamos por creer, y descubrimos que no podemos, eso nos lleva a descubrir lo que impide. Bienaventurado el hombre que no retiene nada, ni permite que nada lo detenga. En vez de ello, con los ojos y el corazón puestos solo en Dios, se niega a quedarse tranquilo hasta que ha creído que el Señor le da indicios de que ha recibido. Ese fue el momento en que Jacob en Israel, y el poder de la oración prevaleciente nació de la debilidad y de la desesperación. Es aquí donde entra la necesidad real de la oración perseverante y siempre inoportuna, que no se quedara tranquila, ni se retirara, ni se rendirá hasta que sepa que ha sido oída y cree que ha recibido.

¿Esta pidiéndole a Dios que le dé el Espíritu de gracia y de suplica?

Mientras lo pida con un fuerte deseo cree que Dios oye la oración, no tenga temor de perseverar y creer que su vida puede ser cambiada. Cree que todas las presiones de la vida diaria que impiden la oración pueden ser vencidas. Cree que Dios te dará lo que desea tu corazón: gracia para orar mucho, y para orar en el Espíritu, tal como el Padre quiere que lo haga su hijo.  : “Crean que ya lo han conseguido”.

LA EXPERIENCIA DE LA BENDICION DESEADA

“Todo lo que ustedes pidan en oración crean que ya lo han conseguido y lo recibirán” El hecho de recibir de Dios por fe, la aceptación de la respuesta por fe, con la perfecta y agradecida seguridad de que se ha concedido la petición, no es necesariamente la experiencia misma o posesión subjetiva del don que hemos pedido. Algunas veces puede haber un intervalo considerable o aun largo.

En otros casos, el suplicante que cree puede disfrutar de inmediato lo que ha recibido. Cuan hay el intervalo, necesitamos especialmente fe y paciencia.

  • Necesitamos fe para regocijarnos por la seguridad de la respuesta que se nos ha otorgado y que hemos recibido, y para comenzar a actuar basados en la respuesta, aunque no hayamos sentido nada.
  • Necesitamos paciencia para esperar aunque en el presente no haya prueba visible de la respuesta. Podemos contar con el gozo futuro: “Os vendrá”.

Podemos aplicar este principio a nuestra oración cuando pedimos poder para ser fieles intercesores, cuando pedimos la gracia para orar de manera intensa y perseverante por las almas que nos rodean. Aprendamos a asirnos de la certidumbre divina de que tan ciertamente como creemos, recibiremos. Creamos por tanto, que la fe, aparte de todo fracaso, puede regocijarse en la certeza de que la oración recibe su respuesta. Cuando más alabamos a Dios por la respuesta, tanto mas pronto vendrá la experiencia. Podemos comenzar de una vez a orar por otros, con la confianza de que se nos dará la gracia para orar con más perseverancia y más fe que antes.

Si no hallamos de inmediato ningún incremento de nuestro deseo de orar, ni de nuestro poder en la oración, esto no debe impedirnos ni desanimarnos. Careciendo del sentimiento, hemos aceptado una divina davida espiritual por la fe; con esa fe debemos orar sin dudar nada. El Espíritu Santo puede esconderse por breve tiempo en nuestro interior. Pero podemos contar con que él ora en nosotros, aunque sea con gemidos indecibles. A su debido tiempo llegaremos a estar conscientes de su presencia y de su poder. Con la misma seguridad con que haya el deseo, la oración y la fe, la aceptación de la davida por la fe; También habrá la manifestación y la experiencia de la bendición que hemos pedido.

¿Quieres que Dios te capacite para orar de tal manera que tu vida sea libre de esa constante condenación que nos hacemos a nosotros mismos, y que el poder del Espíritu de Dios descienda con poder y como respuesta a tu petición? Acude y pídeselo a Dios. Arrodíllate y pídeselo con una declaración definida. Cuando hayas hecho la petición, sigue arrodillado con fe, creyendo que Dios responde. Ahora, cree que estas recibiendo lo que has pedido; cree que lo has recibido. Si te parece difícil hacer esto, continúa arrodillado y dile a Dios que lo crees basado en la fortaleza que has recibido de su Palabra. Si eso te cuesta tiempo, y lucha, y duda, no tengas temor. Mientras estés a los pies del Señor, mirando su rostro, te vendrá la fe que necesitas.

 “Cree que ya lo has conseguido y lo recibirás”. Cuando recibas la indicación de parte de el, atrévete a reclamar la respuesta. Con esa fe, aunque sea frágil, comienza una nueva vida de oración; ten el siguiente pensamiento como base de tu fortaleza: Tú has pedido y recibido la gracia de Cristo para prepárate, pasó por paso, a fin de ser fiel en la oración y en la intercesión. Cuanto más sencillamente te aferres a este hecho y esperaras que el Espíritu Santo obre, tanto más segura, plena y verdadera se hará la palabra de Cristo “lo recibirás”. El mismo Dios que dio la respuesta la producirá por ti.

 

Vida de Oración

Vida de Oración

FORMAS DE ORAR

INTRODUCCION

El mismo Señor Jesús, con sus hechos y dichos, que son normas para nosotros, nos enseño las diferentes formas de orar. Toda la vida del Señor Jesús fue una oración elevada al Padre. Y Él. Que a nadie defrauda, nos señala el camino de  la oración insistente para obtener la plenitud de sus frutos. Mc 13, 33-37. Debemos  estar despiertos mediante la oración.

Existen dos tipos básicos de oraciones; La oración hablada y la oración escuchada. Son dos maneras por las cuales Dios - el Poder Divino, la Sabiduría Infinita, se  manifiesta en ti.

Tú puedes hablarle a Dios o simplemente escuchar la voz de Dios.

ORACIÓN HABLADA

Es aquella que dirigirnos al Poder Divino, al Padre, diciéndole aquello que queremos decir, pidiendo aquello que deseamos, manifestando a través de la palabra, del pensamiento, del pedido, del cántico, de la idea, de la imaginación, y de aquello que deseamos alcanzar.

Esta manera de orar fue muy recalcada por el Maestro Jesús.

En diversas ocasiones, Jesús se refirió a este tipo de oración.

“Pedan y se les dará..., porque el que pide, recibe...”  Mt 7, 7-8.

“Y lo que pidan en mi nombre, lo haré Yo” Jn 14, 13-14.

“Hasta ahora no han pedido nada invocando mi nombre: pidan y recibirán, y su gozo será completo” Jn 16, 24.

Por lo tanto debemos decir lo que queremos que Dios escuche. Cuantas veces hemos oído en las prédicas, que Dios siempre oye nuestra oración, entonces el oír dependerá de que alguien hable.

¿Cómo Dios nos escuchará si no le hablamos.?

¿Es preciso pedir? Sí

Dios sólo puede actuar en cada uno de nosotros, por medio de nosotros mismos, en caso contrario nos estaría arrebatando el don más precioso, que es nuestra libertad.

Hay muchas personas que dicen: Dios sabe todo lo que yo necesario, por lo tanto no pida nada. Es imposible no pedir, porque aunque lo sepamos o no, deseemos pedírselo a Dios o no, basta conque este en nuestro pensamiento.

Tu pensamiento es tu oración, aunque digas que nada pides y todo dejes en manos de Dios, cada pensamiento tuyo es una oración.

El pensamiento, siempre es la legítima oración. Fue por eso que el Maestro Jesús dijo:

Mt 7, 17.

“Todo árbol bueno produce frutos y todo árbol malo produce malos frutos”

Esto quiere decir que cada vez que produzcamos pensamientos positivos, buenos, tendremos frutos y positivos, y cada vez que tengamos pensamientos negativos, tendremos frutos malos negativos.

Nuestro mundo exterior es reflejo de nuestro mundo interior. Por eso para que la oración tenga un buen resultado, tenemos que cambiar nuestro mundo interior.

ORACIÓN ESCUCHADA

Es la oración por medio de la cual escuchamos a Dios a través de nuestra vos interior Para esto necesitamos sumergirnos en las profundidades de nuestro ser. Para alcanzar esas profundidades, es necesario calmar nuestra mente, relajar nuestro cuerpo, liberar las tensiones y dejarnos llevar por un hilo Divino, hasta la Presencia Infinita.

Si estamos en estado de agitación, si estamos con la mente en estado de culpa, en tanto exista maldad en nuestro corazón, no lo conseguiremos.

Para llegar al interior de nuestro ser, el camino tiene despejado.

Si nuestra mente estuviera agitada, perturbada, nerviosa, agresiva, llena de maldad, deprimida u obsesionada, apenas podremos descender un poco.

Debemos tratar de interiorizarnos, limpiarnos y profundizarnos en nuestro ser, hasta llegar al punto de no oír los ruidos externos, porque estarás ligado a tu Divinidad interior. Allí debemos quedarnos a la escucha. Dios nos hablará. Oiremos la voz de la Sabiduría Infinita. Ya no oiremos la comunicación iniciada por nosotros, sino la propia revelación de Dios.

La comunicación saldrá pura, sin preconceptos, nada estipulado por nosotros, ni por nuestras creencias o hábitos.

Dijo Jesús:

Jn 4, 23-25; 8, 32.

“El día vendrá en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad. Y la verdad los liberará”

La voz interior, es la voz de Dios que habla a tu corazón, y no debemos ser rebeldes y acallarla, sino más bien ser dóciles al escucharla, meditar en ellas y escuchar las revelaciones que Jesús nos quiera hacer.

Este es el momento más divino el ser humano. La voz que oigamos en estos momentos de compenetración, es verdadera, porque es la voz de la Sabiduría Infinita no habrá lugar a confusión será clara. Y esta verdad producirá en nosotros un regocijo y una paz indescriptible.

No debemos confundir la voz de nuestra conciencia con la voz de Dios de la Sabiduría Infinita, nuestra conciencia está ligada a nuestros criterios, sentimientos y circunstancias de nuestra vida, a lo largo de cual vamos construyendo nuestra verdad, que desde luego no es la verdad autentica, porque esa sólo la posee  Dios.

La voz de la conciencia es particular, mientras que la voz de Dios es universal. Por lo general actuamos de acuerdo a nuestra conciencia, lo cual no quiere decir que  siempre hagamos bien.

Para llegar a establecer la Oración escuchada, hay que realizar una caminata del mundo exterior al mundo interior de cada uno; esta caminata puede resultar largo o corta según nuestra voluntad y disponibilidad de entrar a un mundo maravilloso y encontrar un tesoro escondido.

Cuando queremos escuchar a Dios, tenemos que dejar que Él hable, entonces tendremos silencio; en igual forma si e exponemos un problema, y le  pedimos la solución, sólo nos resta quedar a la escucha.

Si quieres oír a Dios necesitas dejar de hablar “y tu Padre que ve lo que está oculto te oye y te recompensa”

CLASES DE ORACIÓN

1.   ORACIÓN DE PETICIÓN:

Es pedir a Dios lo que necesitamos, pueden ser bienes espirituales o bienes materiales (alimentos, ropa, sabiduría, fuerza para vencer la tentación).

2. ORACIÓN DE INTERSECCIÓN:

Es la oración que se dedica a pedir por otros, es la oración de combate que hacemos contra Satanás para que el amor de Dios y la libertad de Cristo llegue a amigos, tíos, primos, hermanos, padres, etc.

3. ORACIÓN DE ADORACIÓN Y ALABANZA:

Es derramar nuestro corazón delante de Dios diciéndole todo lo que Él es. Es alabar y agradecer a Dios. Cuando adoramos la presencia de Dios es atraída hacia nosotros.

4. ORACIÓN DE CONTEMPLACIÓN:

Es una oración amante silenciosa, contemplar todas las cosas bellas que Dios nos ha dado. Es también contemplar todo lo que Dios ha hecho en mi vida, como me amó, como me salvó, como me rescató, como me alienta etc. en las personas que me  rodean, en el mundo, en la Iglesia.

Es contemplar a Dios como protagonista en la película de mi vida.

La oración de contemplación, nos permite tener ojos limpios, para ver todo lo bello que Dios ha creado, contemplarlo todo alabándolo y bendiciéndolo.

La contemplación es una limpieza interior que nos permite ver claro, ver limpio: “Todo es limpio para los limpios” Ti 1, 15.

Ya lo dijo el Señor: “Tu ojo es tu lámpara. Si tu ojo es limpio, toda tu persona aprovecha la luz...”. Mt. 6, 22.

Los oradores contemplativos, parecen hombres con luz propia: por eso ven más que otros. Jesucristo, es el gran contemplativo del Padre. Jesucristo nos ha enseñado a orar y trabajar “Contemplando” el Ministerio de amor de Dios, nuestro Padre.

Debemos continuar la contemplación de Jesús y hacerla nuestra.

La oración de contemplación no puede ser posible si no me dejo vivificar por el Espíritu Santo. Es él quien va a sumergir en esa contemplación. Va hacer de nosotros un corazón nuevo y una mente nueva; descubriéndose un mundo interior donde solo tiene acceso Dios y uno mismo.

Estos serán los nuevos hombres y mujeres que necesita cada día la humanidad.

5. ORACIÓN COMUNITARIA:

No es un monólogo, donde un locutor habla y los demás escuchan o repiten.

La oración comunitaria es la más completa, porque en ella se da la Alabanza, la Adoración, la contemplación, la intersección, la liberación, la petición y el agradecimiento; no se trata de orar desordenadamente, donde cada cual se incline por la oración a la que él lo conduzca.

Si no de que todos oremos por todo,  hasta llegar al éxtasis, de plenitud y de entrega, donde los sufrimientos, necesidades y alegrías ajenas sean compartidas.

Debe si haber un conductor que vaya conduciendo la asamblea la oración, la motivación. Aquí el Espíritu Santo se desborda en los corazones de todos los concurrentes incluso en aquellos duros, porque salen a relucir los dones y talentos que el Señor ha regalado, o que les está dando, no debe haber temor ni asombro, el Señor quiere que lo adoren en Espíritu y se manifiesta en medio de nosotros para realizar sus prodigios.

Cuando se realiza la oración Comunitaria, es preciso no regirse a un tiempo determinado, sabemos cuando empieza pero no cuando terminará, porque no estamos bajo influencia terrena sino Divina. El Espíritu de Dios se está manifestando y hay que dejarlo actuar.

Qué podría si nosotros bruscamente cortamos la oración, pues de repente impedimos la sanación de alguien, la reconciliación o la conversación etc. Quienes somos nosotros para imponerle a Dios nuestras condiciones, al contrario nosotros tenemos que someternos a su voluntad.

Cuando realizamos la oración Comunitaria, hay que pedirle a los hermanos que se manifieste en ellos el don de lenguas, de ciencia, de profecía, de interpretación, de visión. Acordémonos que Jesús dijo: “pidan y se les dará” muchas veces los tenemos pero no lo sabemos descubrir, pues la oración comunitaria es para eso, para descubrir ese mundo interior donde Dios es el centro y todo gira en torno a Él.

Antes de iniciar una Oración Comunitaria, hay que ofrecer la reunión a la Familia Celestial, a la familia a la que pertenecemos, es decir: al Padre al Hijo y al Espíritu Santo, y desde luego no puede, ni debe faltar María, ella es miembro de esa unidad.

Ustedes preguntarán: ¿Por qué, no ofrecérsela a uno de ellos?…

Simplemente, porque ellos viven en unidad, no por separado, y allí radica su fuerza y su poder, están unidos inseparablemente por los lazos del amor.

 

 

Vida de Oración

Vida de Oración

EL PODER DE LA ORACIÓN

INTRODUCCION

No existe nada más reparador que descubrir las grandes fuerzas que impulsan al ser humano, a la vida y al universo.

Cuando oímos hablar que alguien rezo, en el momento de un accidente y salió ileso, o que alguien estaba condenado a muerte por un cáncer, y ahora se encuentra perfectamente. Y tantos otros relatos increíbles. Y es porque estamos frente a la fuerza más poderosa del mundo “LA FUERZA DE LA ORACIÓN”, que es la suma del poder de la mente, del poder de la ley y del poder de Dios en toda criatura humana.

Si antes la oración, nos resultaba aburrida y no nos decía nada, era porque no conocíamos su valor y su significado; era como apreciar la fruta por la cáscara.

Ahora sabemos que la oración nos identifica con Dios y con la creación y que es  una arma poderosísima para contrarrestar el mal, y una llave divina que abre la puerta de la felicidad. Si no hacemos uso de ella es porque no queremos y en el  fondo deseamos seguir sumergidos en la tristeza y el dolor, atrapados en un mundo dominado por el enemigo de Dios, que lo único que busca es nuestra destrucción.

¡La decisión es nuestra!

¿CÓMO DEBEMOS ORAR?

PRIMER REQUISITO:

Saber lo que se quiere.

Quien escoge el contenido de la oración somos nosotros no Dios.

Debemos saber por lo tanto, lo que nuestro corazón anhela, para que nuestra oración traiga beneficios.

Debemos definir mentalmente el objetivo de nuestra oración y especificar el contenido de nuestro rezo.

SEGUNDO REQUISITO:

Desear realmente.

Para que nuestra oración tenga fuerza, es necesario que realmente deseemos alcanzar el contenido de nuestras afirmaciones.

Si estamos desinteresados en aquello que imploramos, nuestra oración no tiene fuerza ni finalidad.

Nuestro deseo es la palanca poderosa, capaz de impulsar nuestra oración hasta Dios.

Este es el tipo de oración que hace que la persona se duerma, se canse, se distraiga y pierda la concentración.

Si deseamos ardientemente alcanzar aquello por lo que pedimos, pondremos energía espiritual.

TERCER REQUISITO:

Tener claridad en la mente.

Cuando sabemos lo que queremos es fácil pedir.

Definamos con claridad lo que deseamos alcanzar en nuestra oración, evitando la conversación interminable llena y las descripciones complicadas.

“Sólo la claridad puede recibir claramente”

CUARTO REQUISITO:

Decir lo que queremos.

Ahora que sabemos cuál es el objetivo de nuestra oración, digámoslo con simplicidad, claridad y de forma positiva.

De nada sirve lamentarnos ante Dios y expresar desesperación, para conmover a Dios. Todo eso no nos lleva a nada.

Dios sabe exactamente cual es nuestra situación.

El quiere la realización de nuestra palabra.

Que nuestra oración brote nuestra mente y nuestro cerrazón.

Dios atiende aquello que creemos y no en aquellos que decimos. Y Dios atiende a lo que decimos cuando lo creemos.

No es la oración por sí sola la infalible, sino la oración hecha con Fe, ésta sí, es infalible.

QUINTO REQUISITO:

Creer que ya está alcanzado.

Dijo Jesús: “Creed que lo habéis alcanzado y lo alcanzaréis”.

Cuando elevemos una plegaria, creamos que por el simple hecho de hacerla ya está alcanzada. Y esto es porque Dios es la respuesta a nuestra oración.

Debemos tratar de visualizar la petición ya entendida. La imagen es una creación Divina en cada uno de nosotros y lo que la mente crea podremos realizar.

A nosotros no corresponde pedir y creer que ya ha sido escuchado.

A dios le corresponde dar a saber cómo lo dará.

SEXTO REQUISITO:

Persistir.

Sabiendo que el pedir, ya contiene el recibir debemos persistir mentalmente en la  petición, con calma y paz de espíritu.

Perseverar en la oración es confiar en la realización del ruego.

No debemos mantener angustias, ni ansiedades, para poder acelerar la materialización del pedido.

SÉPTIMO REQUISITO:

Relajarse y profundizar.

Cuando más profundizamos en la oración y nos apartamos del mundo exterior, mas liberado estará nuestro cuerpo y receptiva nuestra mente.

Hecha nuestra oración debemos descansar, para así dar condiciones a que Dios hable.

Cuando sintamos un alivio interior, aquella paz y alegría, aquel sentimiento de  victoria sobre alguna cosa, aquella de que ya hemos sido atendidos, esto ya es señal de que realmente la oración ya ha sido atendida.

OCTAVO REQUISITO:

Agradecer

Como nuestra oración fue atendida, agradecemos desde ahora.

Podríamos pensar que todavía no ocurrió realmente. Cuando una oración sucede la mente, ocurre materialmente.

Agradecemos con nuestras propias palabras, o a través de algunas expresiones como Amén, Así es y así será, Así es ahora y siempre, Muchas gracias porque me oísteis Gracias te doy OH Padre. Etc. O hacer una pequeña oración de agradecimiento.

Debemos mantener en la mente esta verdad “Dios oyó mi pedido”. No aceptar ningún pensamiento de duda o miedo.

¿QUE ESTILO DE VIDA QUE TENÍAN LOS HOMBRES DE DIOS?

Todos los hombres que Dios utilizó no escatimaron el tiempo para orar, y porque ellos desearon a Dios, Dios les deseó, les amó y derramó bendiciones sobre ellos.

Debemos entender que la oración, acompañada de una obediente sumisión a Dios toca el cielo. Nuestras oraciones son contestadas por la posición que tenemos en Cristo, no por nuestra bondad.

¿LA ORACIÓN MÁS PERFECTA?

La oración más perfecta en el estado interior y exterior de la felicidad.

No existe oración más elevada que la del ser feliz. La Felicidad debe ser la meta.

Si nosotros somos felices, seremos una manifestación de Dios en la tierra.

No existe mayor contradicción en el mundo que la de ver a una persona entregada a largas e interminables horas de oración verbal o meditativa y NO ser feliz.

La felicidad es un estado interior; y como todo estado interior se manifiesta, se  expresa en el mundo exterior. Si mentalmente nos sentimos felices, nuestro cuerpo se vuelve feliz, la vida se vuelve feliz, el universo se toma feliz, todo es felicidad en nosotros y esa es la más completa y perfecta comunión humana - divina.

Tener felicidad interior, espiritual es haber encontrado la fuente de la juventud, el elíxir de la vida, porque la felicidad interior se refleja en nuestro exterior, esa paz ese gozo nos da longevidad, nos alarga la vida; por eso no nos extrañe que los hombres de oración viven muchos años, así lo podemos apreciar en el  Antiguo Testamento.

Ser es mucho más que orar, porque es el ser, la oración más su efecto; esto quiere decir que es la oración mas el resultado de la misma. Si, porque puede existir oración sin ningún resultado, cuando la misma es dicha de la boca para afuera.

Jesús vino a este mundo, entre otras cosas  para enseñar el camino del Reino de los Cielos. “El Reino de los Cielos está dentro de vosotros mismos” dijo El. Ésta es una  verdad.

Cuando el Reino de los Cielos, que es el estado de felicidad, está dentro de nosotros mismos, consecuentemente también se manifiesta en nuestro mundo externo.

Nuestra meta debe ser esa, alcanzar la felicidad a través del reino de los Cielos.

“Feliz él tome parte en el banquete del Reino de Dios”  Lc 14, 15.

El Reino de Dios como consta en el Evangelio, es comparado a un banquete. El banquete es un estado de fiesta, un estado interior de felicidad.

 

La oración es un banquete, y el banquete se vuelve oración. Esto es perfección.

Cuando la humanidad sea consientizada con está verdad, la oración dominará al mundo las Iglesias estarán repletas y el mundo será un paraíso, ósea una fiesta interminable.

Cuanto más sea buscado conscientemente Dios en los asuntos humanos, mucho más rápido será su surgimiento en la tierra. De esta manera llegará el día en que nosotros y la humanidad entera reconozcamos que somos simples instrumentos y hallaremos nuestra identidad en un mundo Espiritual.

Nuestra conciencia será la de Cristo, y cada uno habremos encontrado la fuente de toda alegría: El Reino de Dios.

¿En que consiste la Oración?

¿En que consiste la Oración?

¿QUÉ ES LA ORACIÓN?

 

INTRODUCCIÓN

Te invitamos a una experiencia maravillosa. No te extrañes de esta invitación. Hoy en día es bueno hacer un alto en nuestra vida, para tener un ENCUENTRO con Dios, con el Espíritu Santo, que te revestirán de la alegría, del poder y de la energía de Dios. Lc 24, 49.

Te invitamos a entregarte personalmente a Jesucristo y a su Santo Espíritu, para que ELLOS realicen en ti la gran transformación.

Tendrás mente nueva, corazón nuevo, espíritu nuevo; serás hombre nuevo, mujer nueva. Ez 36, 25-27.

ES UN DON DE DIOS.

Es un darse a Dios.

Cuando se trata de oración, por parte de Dios no hay dificultad alguna, al contrario, él está siempre a la espera, llamándonos suavemente, ofreciéndose a nuestra libertad. Deberíamos volver con mucha frecuencia a las palabras del Apocalipsis que nos dicen:

Ap 3, 20.

“Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa a comer, Yo con él y él conmigo”  

ES UN ENCUENTRO PERSONAL CON DIOS

  • Es Hablar con el Señor. Hay tanto que contarle, hay tanto que escuchar de El.
  • Es el contacto con tu Dios Interior. Cualquier pensamiento,  palabra o imagen dirigida a Dios se llama oración. Pensar, hablar imaginar, redactar, cantar, soñar, desear, pedir son actos mentales; y si todo esta dirigido a Dios es una Oración.
  • Es Energía. Es una forma de pensamiento, por lo tanto, la oración es, antes que nada, energía espiritual y mental.
  • Es Poder. Porque tiene la fuerza de materializar la idea contenida. Porque, existiendo la fe, se realiza, porque determina la manifestación Divina. La oración trae el fortalecimiento en el poder. Porque la oración es poder.
  • Es Sabiduría. La oración que encuentra a Dios, encuentra al Espíritu y a la verdad. El Espíritu y la verdad son Sabiduría. “La verdad es Dios y Dios es la verdad”. Como Dios es verdad, en la oración nos volvemos uno con la verdad. Y la verdad es Sabiduría.
  • Es Milagro. Se puede afirmar que la oración es milagro porque la oración se realiza de una fuerza y un poder no explicados por la ciencia. El milagro es la realización de la oración, o de la mentalización, a través de medios maravillosos y desconocidos. Nosotros somos el poder del milagro, por causa del poder de Dios que existe en cada una de nosotros.
  • Es Amor “Reza mejor quien ama mejor”. Jesús resumió toda la ley en una sola palabra: Amor. Amar, es pues, la más perfecta oración. El Apóstol Pablo, dio al amor una dimensión y una definición extraordinaria. 1  Cor 13, 1-13. El amor es la oración más elevada.

¿QUIÉN NOS ENSEÑA A ORAR?

Jesús nos enseña que la oración nace de la vida, y a la vez la misma vida se  convierte en oración. Que la oración no es evasión, no es huir y escapar, sino un encuentro con Dios, con el hombre, con la creación.

Que la oración no son palabras egoístas a un Dios escondido, sino obras y compromiso con la humanidad del mundo. Mt 7, 15-19.

Esto significa que la oración no es un paréntesis en la vida del trabajo, no es algo falso, no es ausencia de la realidad.

Podemos ver que Jesús, no hacia un alto en su trabajo para orar, su trabajo de enseñar, evangelizar; predicar, era ya una oración.

Su vida generosamente entregada al servicio de los demás era una oración. Pero también se dedicaba, a la meditación a la contemplación y a la alabanza. Toda su vida, fue una  completa vida de oración. Jesús oraba mucho, porque la oración es signo de vitalidad, y la vitalidad es signo de oración.

Gracias a esté ejemplo de Jesús podemos comprender:

¿Por qué los hombres y mujeres comprometidos oran tanto?

NECESIDAD DE LA ORACIÓN.

La oración es una necesidad, porque gracias a ella encontramos el camino de la plenitud y la amistad con Dios. Es una necesidad, para encontrarse, para ser auténtico, para amar.

Esta realidad le descubre el hombre de hoy, incluso el insatisfecho de lo que puede obtener de la vida, del mundo, cuando se lanza en busca del  encuentro de sí mismo, para calmar su hambre interior, y esto gracias a que Dios existe en lo íntimo de su ser, sólo falta ser descubierto.

Cuando en uno de nosotros se produce el vacío de Dios, es por el  abandono de la oración y entonces surge la necesidad de buscar otras realizaciones, un autoafirmarse, él darle un sentido a nuestra vida, por ejemplo ser líder en el trabajo, adquirir posición, poder, sobresalir en cualquier ámbito. No podemos lograr la realización personal exterior, si primero no hemos alcanzado nuestra realización interior, la razón de nuestro existir, el aprender amar y dar.

JESÚS FUNDAMENTO SU VIDA EN LA ORACION.

En la Unidad con el Padre.

Con esto nos enseña que todos los hombres deben fundamentar su vida en Él (que es la roca sólida, el puente, el enlace con Dios Padre), a través de la  oración ya que El es intercesor y mediador por ser hijo del Altísimo.

Con la oración fundamos nuestra vida en Jesucristo, y le damos sentido a la  existencia, y vamos a convivir con los demás, porque el Señor nos dará una inmensa capacidad de amar.

En el Evangelio podemos apreciar, que Jesús el Señor, el Maestro oraba mucho; ora en la montaña, en el desierto, al caer la tarde, a medida noche, a la mañana; hasta ora en medio de la multitud que le acosa.

Jesús ora porque era la manera de encontrarse con el Padre. Y el Padre lo llenaba de una inmensa capacidad de amar, lo inundaba con capacidad de amar, lo inundaba con el gozo del Espíritu Santo, para realizar la obra de nuestra Salvación. Lc 10, 21-24.

No puede caber la menor duda de que la oración es necesaria para amar a Dios y sentirse amado por EL.

Debemos acercarnos a Dios con SIMPLICIDAD

Ser simples como niños, al orar es el método más perfecto. Jesús dijo:

“Si no os volvieres como niños, no entraréis en el Reino de los cielos”

Ser como niño significa ser simple, limpio transparente en el pensamiento, ser confiado; decir lo que realmente quiere decir, sin doblez, estar siempre en estado positivo, no guardar rencor.

Para alcanzar la simplicidad, necesitamos sentirnos liberados totalmente, sentir la libertad interior, volar en lo infinito.

Ser simple es halagar a quien te ofendió, y, sonriendo, pedirle disculpas; (es como un niño al cual se le insulta. Luego él viene y te da un beso) ser simple es no dejar entrar en tu cabeza las maldades de los otros y dar siempre el perdón a manos abiertas (aunque nosotros seamos los ofendidos).

 Ser simple es ser simplemente simple.

Cuando uno es simple, ha alcanzado la vida, pues la simplicidad nos coloca en comunión con Dios y con todo el universo. Esta simplicidad es el propio Reino de los Cielos.

Para alcanzar la simplicidad hay que sumergirnos en nuestro ser interior.

Cualquier pensamiento o sentimiento que rompa la simplicidad interior, nos desorientará y entonces no conseguiremos el encuentro anhelado con Dios.

La oración simple no puede contener odios, pues solamente la luz del amor nos iluminara el camino hacia nuestro Dios interior.

Por eso basado en esta verdad Jesús nos enseño: Mt 5, 21-26.

Solamente los puros de corazón verán a Dios, ser simple es ser puro de corazón.

Para alcanzar a Dios en las profundidades de uno mismo hay que hallar el perdón, dar el perdón y amar. Porque donde hay amor; hay luz, y donde hay luz hay barreras, ni tinieblas, ni maldades. Ahí está Dios. Y ahí estamos nosotros.

Jesús nuestro maestro dijo:

Jn 15, 16-17.

“Y quiero que todo lo que pidan al Padre en mi nombre, él sé lo de. Yo les ordeno esto: que se amen unos a otros”

Cuando establecemos la unidad con Dios, nuestra oración mueve cielo y tierra y  tendrá poder infinito. El Señor nos pide unidad, tanto entre los dos o más que oren en su nombre; como también se refiere a la unicidad de nuestro consciente con nuestro subconsciente. Este es el camino del Milagro.

  • Con Humildad, como María. Ser humilde significa, reconocer que dependemos de Dios, que Jesucristo es el Señor y sin El nada podemos hacer. Jn 15, 5.
  • Con Amor, nuestra oración debe respirar amor, que es intimidad. Nuestros pecados no nos deben impedir decirle al Señor que lo amamos y que necesitamos de su Amor para ser mejores.
  • Con Fe, es creer fielmente en la realización de las promesas de las palabras de Dios. Mc 11, 22. Tener Fe es creer que la palabra produce la realidad de su contenido. La Fe, por lo tanto no admite miedos, ni dudas, ni desinterés, ni indecisión, ni descreimiento. El gran Maestro nos dijo: “Todo es posible para el que cree”. Mc 9, 23.
  • Con mente Positiva, debemos pensar solo positivamente, actuar positivamente. Recordemos que existe la ley del Retorno. Todo cuanto pidamos a oros, retornará en nosotros.

¿EN QUE TIEMPO DEBEMOS ACERCARNOS A DIOS?

Cuanto  más tiempo pasemos en oración mayor será nuestra dependencia de Dios, nuestros oídos y ojos espirituales serán agudizados y estaremos desarrollando una vida de poder. Es necesario disciplinar nuestra vida en la oración.

Dios es un Padre tierno y no se puede mantener al margen de nuestros problemas y necesidades cuando como sus hijos le pedimos que intervenga.

¿QUÉ HAY EN EL FONDO DE NUESTRA ORACIÓN?

¿Cuando uno ama, qué hay en el fondo de nuestro amor?

¿Qué nos hace ver el amor en la persona amada?

Apliquemos esto a la oración y descubriremos el mundo maravilloso de Dios.

Nuestra oración dependerá de la manera de amar y ser amado, de la manera de ser cristiano y de la manera de sentirse salvado.

  • Si Jesucristo es para nosotros EL AMIGO,  la oración será para nosotros, la intimidad de la amistad que siempre buscaremos.
  • Si Dios es para nosotros UN PADRE, al que vemos tierno, comprensivo, recto pero misericordioso, nuestra oración será la búsqueda de su rostro.
  • Si el Espíritu Santo es para nosotros el fuego mismo de Dios, que enciende nuestra vida, es EL AMOR, EL CONSOLADOR, EL QUE DA IMPULSO, nuestra oración estará siempre bajo su influencia.

Esto significa que en el fondo de nuestra oración hay siempre una manera de ver, hay una verdad que le da sentido a la expresión de nuestra oración.

  • Hay personas que al orar, nunca se dirigen al Padre … Significa que no se comportan como hijos y lo más probable es que conozcan al Padre.
  • Otras, nunca mencionan en su oración al Espíritu Santo …. Significa que no han tenido el avivamiento, no han sentido su efusión, no tienen la experiencia del CONSOLADOR, no lo conocen.
  • Otras, nos dirigen a Jesucristo, no piden en su nombre, es como si no se dieran cuenta del amor de Él hacia nosotros, de su entrega, de que Él es el MEDIADOR, EL INTERCESOR.
  • Otras en cambio oran con miedo, con angustia. Esto significa, en un momento dado, que esas personas se imaginan a Dios como un ser terrible, superior demasiado serio, en quien no hay ternura, no hay amor.

Cinco verdades para poder hacer nuestra oración y que tenga contenido de vida: 

  1. Al orar debemos sentirnos hijos de Dios, nuestro Padre, mi Padre.
  2. Al orar debemos hacerlo en nombre del Señor Jesucristo.
  3. Al orar debemos dejarnos llevar del amor, de la luz y del gozo del Espíritu Santo.
  4. Al orar debemos sentirnos hermanos de los hombres, solidarios con ellos, debemos sentirnos hijos de la Iglesia.
  5. Al orar debemos sentirnos muy unidos a María, Madre de Jesucristo, Madre de la Iglesia y Madre nuestra.

El alimento de nuestra oración deben ser estas verdades.

La gran motivación para la oración deber ser la Palabra de Dios y nuestra propia vida.

Veamos algunas formas:

  • Te alabo Padre, porque eres mi Padre y en Ti puedo confiar.
  • Te adoro Jesucristo, mi redentor, mi Salvador, mi Guía.
  • Espíritu Santo, lléname de amor y ora por mí.
  • Señor, enséñame a  colaborar con tu Iglesia, a unirme a Ella y a mis hermanos.

María, Madre nuestra en tus manos pongo mi oración.

Una Vida de Oración

Una Vida de Oración

UNA VIDA DE ORACIÓN

1 Tes 5, 16-17.

 “Estén siempre alegres, Oren sin  cesar y en toda ocasión den gracias a Dios: esta es, por voluntad de Dios, vuestra vocación de Cristianos”.

VIDA DE ORACIÓN

Sal 79, 4.

“OH Dios, restablécenos, muestra tu rostro alegre y nos salvaremos”

Vida de oración es un estado, un modo característico de ser de la persona: el estado de aquel a quien el Señor se ha revelado en lo íntimo del corazón.

Para llegar a este estado o a una vida auténtica de oración, es absolutamente indispensable pedir al Señor la inestimable gracia de que se digne revelarnos su rostro.

Cuando el corazón de un hombre está lleno de Dios, en cierto modo ya no distingue entre: reflexionar, trabajar, jugar o rezar. Todo en él es como un torrente límpido que mana de la misteriosa fuente de su interioridad escondida en Dios.

La propia vida se torna en oración, en un permanente himno de alabanza a Dios. La oración es para él lo que la respiración o el pulso cardíaco son para su vida física. Es necesario, aclarar en este punto que el estado de oración no puede producirse artificialmente. Es un don absolutamente gratuito concedido a quien ora de todo corazón y con una gran perseverancia.

Quien entra una vez en este estado difícilmente renunciará a él; no podrá dejar de orar, como quien amó una vez no puede dejar de amar. Más exactamente, el Espíritu que se ha instalado en él no dejará ya de orar en él. De tal modo, cualquier cosa cobra en él valor de oración; de todo su ser se desprende la fragancia espiritual de su unión con Dios.

 

SILENCIO DEL CORAZON

“En verdad que nadie tiene derecho a hablar de Dios, si primero no habla con Dios”.

¿Pero qué es lo que nos ocurre y por qué no podemos hacerlo?

Dios es silencio y necesita de hombres y mujeres capaces de transmitir su Palabra y de vivirla, y para poder transmitir lo que el Espíritu Santo ha hecho en mi vida, primero tengo que haberlo recibido, tengo que haber experimentado su poder y su acción en mi propia existencia.

Muy pocas cosas nos ayudan tanto a conversar con Cristo, a tener un encuentro personal con Él, como el silencio. No el silencio exterior, el de los ruidos del mundo, el de la estridencia de las gentes, sino el silencio del corazón, sin el cual, sencillamente, no es posible oír la voz de Cristo cuando nos habla.

Por eso Él nos recomienda siempre:

Sal 94, 8

“Ustedes pueden, hoy, oír su voz...”

Mt 6, 5-6.

“Cuando recen no hagan como lo hipócritas..., Tu, cuando reces, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que comparte tus secretos; y tu Padre, que ve los secretos, te premiará”

Esto nos muestra que en el silencio del corazón debemos conversar con aquel que nos ama y que quiere para nosotros lo mejor, con aquel que nos ha dicho:

Mt 7, 7-8.

Pidan y se les dará; busquen y hallaran, llamen a la puerta y les abrirán...

Son muchos los que andamos buscándolo constantemente, pero solo lo encontraran los que permanecen en constante silencio. El hombre que se complace en la abundancia de las palabras, aunque diga cosas admirables, está vacío por dentro. Si amas de verdad, sé amante del silencio.

ACTITUD ORANTE: EL RECOGIMIENTO

Mt 6, 6.

“Tu, cuando reces, entra en tu pieza, cierra la puerta y reza a tu Padre que comparte tus secretos, y tu Padre, que ve los secretos, te premiara.”

Con estas palabras muy sencillas, Jesús, nos enseña un método: “El Secreto del Recogimiento”. Muchas veces experimentamos, que para vivir momentos de oración verdadera es necesario un determinado clima. Tenemos que retirarnos a nuestra habitación, apartarnos, no hablar con otros, ni escuchar: En una palabra recogernos. Este término tiene un significado psicológico profundo, porque a menudo nuestras fuerzas están dispersas. Hablamos escuchamos, nos movemos, nos distraemos en muchísimas cosas.

La Espiritualidad oriental, aun fuera de la tradición cristiana, ha tratado ampliamente el tema del recogimiento. La imagen que los orientales usan por lo general, para expresarlo es la del tigre, o de la pantera que antes de lanzarse sobre la presa se encoge en sí mismo para reunir el máximo de la fuerza.

Para encontrar a Dios, hay que reunir nuestras fuerzas dentro de nosotros y concentrarnos, apartarnos, por así decir, de lo exterior.

En efecto, concentrarnos quiere decir tener un centro único, si logramos colocarnos así delante del Señor, de nosotros saldrá una capacidad increíble. Incluso, nos parecerá que somos distintos, con una lucidez y una claridad nunca experimentadas, y comprenderemos mejor la pregunta: “Quien soy yo”

UNA EXPERIENCIA VITAL

Los Apóstoles ya sabían orar y lo hacían  en común, como todos los judíos en las sinagogas y en los principales momentos del día. Sin embargo, al lado de Jesús han descubierto una nueva manera de vivir y de convivir, y sienten la necesidad de hablar al Padre en otra forma. Jesús espero para enseñarles a orar, que ellos mismos se lo pidieran. Mt 6, 9.

La experiencia de la oración esta, ante todo, unida a la capacidad de hacer silencio dentro de nosotros, intentando aislarnos de los ruidos y de las distracciones para volver a escuchar el eco de la voz de Dios.

Recordemos lo que sucedió en Betania, en la casa de Marta y de Maria: una improvisada visita de Jesús con sus discípulos puso en agitación a Marta, que empieza a preparar la comida. En cambio, Maria a los pies del Maestro escucha su palabra. A las protestas de la hermana ocupada Jesús responde: “Marta. Marta, te afanas y te preocupas por demasiadas cosas. Una sola es necesaria. Maria ha escogido la mejor parte”  Lc 10, 41-42.

Dedicar unos momentos diarios a la oración es, pues elegir como Maria la única cosa necesaria: quiere decir haber comprendido que el encuentro con Dios es la novedad más importante y significativa de toda nuestra jornada.

En la Biblia leemos que Moisés, el conductor del pueblo de Israel, “hablaba con Dios cara a cara”  Ex 33, 11.

Seria hermoso hermanos hacer en nuestra oración, esta experiencia de intimidad. Sentir la respiración del Señor, el ruido de sus pasos en nuestro corazón.

Así, aprenderemos a orar, cuando aprendamos a contemplar la profundidad de las cosas. Solamente quien tiene la valentía de “gastar” tiempo en la oración tiene también la posibilidad de penetrar con su mirada el misterio de la Presencia Divina. Entonces el asombro se convierte en alegría, y como en el Salmo nuestros labios pueden apenas murmurar: “¡OH Señor, nuestro Dios, que glorioso es tu nombre por toda la tierra!”  Sal 8, 10.

UN PRIVILEGIO DE TODOS.

Lc 18, 1.

Jesús habló sobre: "la necesidad de orar siempre, sin desanimarse jamás"

El don de orar se nos concede a todos, y todos nosotros podemos acudir al poder de nuestro DIOS Todopoderoso.

No todos somos llamados a ser pastores, o predicadores, o maestros, o evangelistas o exhortadores. Dios da a cada uno un don y una tarea, según su habilidad. Sin embargo, el arte de la oración no tiene esas restricciones. 

Este don es para todos.

Dones y Carismas

Dones y Carismas

LOS FRUTOS DEL ESPIRITU SANTO

 Contenido:

  1. Los frutos del Espíritu Santo en el alma, manifestación de la gloria de Dios. El amor, el gozo y la paz.
  2. Paciencia y longanimidad. Su importancia en el apostolado.
  3. Los frutos que se relacionan más directamente con el bien del prójimo: bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad.

Desarrollo:

1. Cuando el alma es dócil a las inspiraciones del Espíritu Santo se convierte en el árbol bueno que se da a conocer por sus frutos. Esos frutos sazonan la vida cristiana y son manifestación de la gloria de Dios: en esto será glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto1, dirá el Señor en la Última Cena.

Estos frutos sobrenaturales son incontables. San Pablo, a modo de ejemplo, señala doce frutos, resultado de los dones que el Espíritu Santo ha infundido en nuestra alma: caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia y castidad2.

En primer lugar figura el amor, la caridad, que es la primera manifestación de nuestra unión con Cristo. Es el más sabroso de los frutos, el que nos hace experimentar que Dios está cerca, y el que tiende a aligerar la carga a otros. La caridad delicada y operativa con quienes conviven o trabajan en nuestros mismos quehaceres es la primera manifestación de la acción del Espíritu Santo en el alma: «no hay señal ni marca que distinga al cristiano y al que ama a Cristo como el cuidado de nuestros hermanos y el celo por la salvación de las almas»3.

Al primer y principal fruto del Espíritu Santo «sigue necesariamente el gozo, pues el que ama se goza en la unión con el amado»4. La alegría es consecuencia del amor; por eso, al cristiano se le distingue por su alegría, que permanece por encima del dolor y del fracaso. ¡Cuánto bien ha hecho en el mundo la alegría de los cristianos! «Alegrarse en las pruebas, sonreír en el sufrimiento..., cantar con el corazón y con mejor acento cuanto más largas y más punzantes sean las espinas (...) y todo esto por amor... este es, junto al amor, el fruto que el Viñador divino quiere recoger en los sarmientos de la Viña mística, frutos que solamente el Espíritu Santo puede producir en nosotros»5.

El amor y la alegría dejan en el alma la paz de Dios, que supera todo conocimiento6; es –como la define San Agustín – «la tranquilidad en el orden»7. Existe la falsa paz del desorden, como la que reina en una familia en la que los padres ceden siempre ante los caprichos de los hijos, bajo el pretexto de «tener paz»; como la de la ciudad que, con la excusa de no querer contristar a nadie, dejase a los malvados cometer sus fechorías. La paz, fruto del Espíritu Santo, es ausencia de agitación y el descanso de la voluntad en la posesión estable del bien. Esta paz supone lucha constante contra las tendencias desordenadas de las propias pasiones.

2. La plenitud del amor, del gozo y de la paz solo la encontraremos en el Cielo. Aquí tenemos un anticipo de la felicidad eterna en la medida en que somos fieles. Ante los obstáculos, las almas que se dejan guiar por el Paráclito producen el fruto de la paciencia, que lleva a soportar con igualdad de ánimo, sin quejas ni lamentos estériles, los sufrimientos físicos y morales que toda vida lleva consigo. La caridad está llena de paciencia; y la paciencia es, en muchas ocasiones, el soporte del amor. «La caridad –escribía San Cipriano – es el lazo que une a los hermanos, el cimiento de la paz, la trabazón que da firmeza a la unidad... Quítale, sin embargo, la paciencia, y quedará devastada; quítale el jugo del sufrimiento y de la resignación, y perderá las raíces y el vigor»8. El cristiano debe ver la mano amorosa de Dios, que se sirve de los sufrimientos y dolores para purificar a quienes más quiere y hacerlos santos. Por eso, no pierden la paz ante la enfermedad, la contradicción, los defectos ajenos, las calumnias... y ni siquiera ante los propios fracasos espirituales.

La longanimidad es semejante a la paciencia. Es una disposición estable por la que esperamos con ecuanimidad, sin quejas ni amarguras, y todo el tiempo que Dios quiera, las dilaciones queridas o permitidas por Él, antes de alcanzar las metas ascéticas o apostólicas que nos proponemos.

Este fruto del Espíritu Santo da al alma la certeza plena de que – si pone los medios, si hay lucha ascética, si recomienza siempre – se realizarán esos propósitos, a pesar de los obstáculos objetivos que se pueden encontrar, a pesar de las flaquezas y de los errores y pecados, si los hubiera.

En el apostolado, la persona longánime se propone metas altas, a la medida del querer de Dios, aunque los resultados concretos parezcan pequeños, y utiliza todos los medios humanos y sobrenaturales a su alcance, con santa tozudez y constancia. «La fe es un requisito imprescindible en el apostolado, que muchas veces se manifiesta en la constancia para hablar de Dios, aunque tarden en venir los frutos»

Si perseveramos, si insistimos bien convencidos de que el Señor lo quiere, también a tu alrededor, por todas partes, se apreciarán señales de una revolución cristiana: unos se entregarán, otros se tomarán en serio su vida interior, y otros – los más flojos – quedarán al menos alertados»9.

El Señor cuenta con el esfuerzo diario, sin pausas, para que la tarea apostólica dé sus frutos. Si alguna vez estos tardan en aparecer, si el interés que hemos puesto por acercar a Dios a un familiar o a un colega pareciera estéril, el Espíritu Santo nos dará a entender que nadie que trabaje por el Señor con rectitud de intención lo hace en vano; mis elegidos no trabajarán en vano10. La longanimidad se presenta como el perfecto desarrollo de la virtud de la esperanza.

3. Después de los frutos que relacionan el alma más directamente con Dios y con la propia santidad, San Pablo enumera otros que miran en primer lugar al bien del prójimo: revestíos de entrañas de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre (...), soportándoos y perdonándoos mutuamente...11.

La bondad de la que nos habla el Apóstol es una disposición estable de la voluntad que nos inclina a querer toda clase de bienes para otros, sin distinción alguna: amigos y enemigos, parientes o desconocidos, vecinos o lejanos. El alma se siente amada por Dios y esto le impide tener celos y envidias, y ve en los demás a hijos de Dios, a los que Él quiere, y por quienes ha muerto Jesucristo.

No basta querer el bien para otros en teoría. La caridad verdadera es amor eficaz que se traduce en hechos. La caridad es bienhechora12, anuncia San Pablo. La benignidad es precisamente esa disposición del corazón que nos inclina a hacer el bien a los demás13. Este fruto se manifiesta en multitud de obras de misericordia, corporales y espirituales, que los cristianos realizan en el mundo entero sin acepción de personas. En nuestra vida se manifiesta en los mil detalles de servicio que procuramos realizar con quienes nos relacionamos cada día. La benignidad nos impulsa a llevar paz y alegría por donde pasemos, y a tener una disposición constante hacia la indulgencia y la afabilidad.

La mansedumbre está íntimamente unida a la bondad y a la benignidad, y es como su acabamiento y perfección. Se opone a las estériles manifestaciones de ira, que en el fondo son signo de debilidad. La caridad no se aíra14, sino que se muestra en todo con suavidad y delicadeza y se apoya en una gran fortaleza de espíritu. El alma que posee este fruto del Espíritu Santo no se impacienta ni alberga sentimientos de rencor ante las ofensas o injurias que recibe de otras personas, aunque sienta – y a veces muy vivamente, por la mayor finura que adquiere en el trato con Dios – las asperezas de los demás, los desaires, las humillaciones. Sabe que de todo esto se sirve Dios para purificar a las almas.

A la mansedumbre sigue la fidelidad. Una persona fiel es la que cumple sus deberes, aun los más pequeños, y en quien los demás pueden depositar su confianza. Nada hay comparable a un amigo fiel – dice la Sagrada Escritura –; su precio es incalculable15. Ser fieles es una forma de vivir la justicia y la caridad. La fidelidad constituye como el resumen de todos los frutos que se refieren a nuestras relaciones con el prójimo.

Los tres últimos frutos que señala San Pablo hacen referencia a la virtud de la templanza, la cual, bajo el influjo de los dones del Espíritu Santo, produce frutos de modestia, continencia y castidad.

Una persona modesta es aquella que sabe comportarse de modo equilibrado y justo en cada situación, y aprecia los talentos que posee sin exagerarlos ni empequeñecerlos, porque sabe que son un regalo de Dios para ponerlos al servicio de los demás. Este fruto del Espíritu Santo se refleja en el porte exterior de la persona, en su modo de hablar y de vestir, de tratar a la gente y de comportarse socialmente. La modestia es atrayente porque refleja la sencillez y el orden interior.

Los dos últimos frutos que señala San Pablo son la continencia y la castidad. Como por instinto, el alma está extremadamente vigilante para evitar lo que pueda dañar la pureza interior y exterior, tan grata al Señor. Estos frutos, que embellecen la vida cristiana y disponen al alma para entender lo que a Dios se refiere, pueden recogerse aun en medio de grandes tentaciones, si se quita la ocasión y se lucha con decisión, sabiendo que nunca faltará la gracia del Señor.

A la Virgen Santísima nos acercamos al terminar nuestra oración, porque Dios se sirve de Ella para, por influjo del Paráclito, producir abundantes frutos en las almas. Yo soy la Madre del amor hermoso, del temor, de la ciencia y de la santa esperanza. Venid a mí cuantos me deseáis, y saciaos de mis frutos. Porque recordarme es más dulce que la miel, y poseerme, más rico que el panal de miel...16.